Convenio de derechos y deberes de los intelectuales académicos

A propósito de cómo criar y matar la gallina de los huevos de oro [cuentos, 1,2], de ser intolerante con la contracultura, los charlatanes  y  la cultura de la falsificación, el siguiente convenio de derechos y deberes a tener en cuenta:

1. Cada académico tiene el deber de buscar la verdad, y tiene el derecho de enseñarla.

2. Cada académico tiene el derecho y el deber de preguntar algo que le interese, percatado de que él lo hace de una manera racional.

3. Cada académico tiene el derecho de cometer errores, y el deber de corregirlos al notarlos.

4. Cada académico tiene el deber de desenmascarar públicamente los engaños, sean populares o académicos.

5. Cada académico tiene el deber de expresarse en la forma más clara posible.

6. Cada académico tiene el derecho de discutir cualquier punto de vista no ortodoxo que le interese, proveído que esos puntos de vista sean lo suficientemente claros como para ser discutidos racionalmente.

7. Ningún académico tiene el derecho de presentar como verdaderas aquellas ideas que él no pueda justificar en términos de la razón y la experiencia.

8. Nadie tiene el derecho de comprometerse a sabiendas en cualquier industria académica.

9. Cada cuerpo académico tiene el deber de adoptar y reforzar los estándares más rigurosos conocidos de escolaridad y aprendizaje.

10. Cada cuerpo académico tiene el deber de ser intolerante tanto hacia la contracultura como hacia la cultura de la falsificación.

Fuente: Bunge, Mario. Charlatanism in Academia. Annals of the New York Academy of Sciences, Volume 775. The Flight from Science and Reason; pp. 110-111; New York, NY, 1996).

Competencias Claves en una Sociedad y Economía del Conocimiento

Para moverse en un sociedad y economía del conocimiento se requiere de unas pocas competencias claves: autonomía y creatividad, pensamiento crítico y habilidades para resolver problemas, capacidad de trabajo colaborativo en equipo y habilidades sociales y de comunicación.  Se da por descontado el “sentido común” que a veces es el menos común 😉

La formación profesional y estas competencias se deben moldear en las universidades, pero la evidencia del mundo real muestra que la mayoría de las instituciones de educación superior no lo están haciendo bien. Las instituciones educativas que basan su proceso de enseñanza en un modelo en el que los docentes son percibidos como dispensadores de conocimiento tienen poca probabilidad de que puedan desarrollar estas competencias en sus estudiantes. Es crucial promover la innovación y el cambio en las prácticas educativas.

Conspiro contra las universidades que matienen un modelo jerárquico, descendente y centrado en el docente y llamo a impulsar realmente, no de palabras- un modelo abierto,  colaborativo, horizontal, de desarrollo de la autonomía y el sentido común en el que el estudiante este en el centro y el docente cumpla su rol de coaching del proceso de enseñanza – aprendizaje.

Esta revolución educativa no va a suceder expontáneamente, ni es fácil. Se puede hablar de muchos facilitadores de este cambio, muchos de ellos pura retórica y pedagogía -solo escribirlo me causa pánico-. Pienso que si empezamos de a poco y moviéndonos rápido,  el uso de herramientas y servicios basados en software social  puede ser un potencial facilitador de ese cambio, que ademas tiene unas cualides de arranque “b3: bueno, bonito y barato”.

… y entonces?