Tiempo atrás conocí sobre un cuento cherokee con el que inmediatamente identifiqué mis caminatas y puntos de bifurcación más íntimos: los que he vivido, los que están y los de después.
Comparto el cuento como si fuese una botella al mar:
Un anciano Cherokee contaba a su nieto acerca de la lucha que se desarrollaba dentro de sí mismo. Ésta era entre dos lobos…
Uno es diabólico: iracundo, lujurioso, arrogante, mentiroso, falso predicador, vanidoso, resentido, ladrón, abusador y asesino.
El otro es bueno: pacífico, amoroso, sereno, humilde, generoso, compasivo, fiel, bondadoso, benevolente y honesto”.
El nieto, después de unos minutos de reflexión, preguntó a su abuelo: “¿Y qué lobo ganará?”
El anciano Cherokee simplemente respondió:
“El que yo alimente”.(Cuento Cherokee)











